28th Nov 2010

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    1. QUIEN FUE CALFUCURA ADEMAS DEL ABUELO DEL BEATO ARGENTINO CEFERINO NAMUNCURA?

      Cuando Juan Martín de Rosas en 1834 tomó la decisión de hacer venir desde Chile a un cacique mapuche acompañado por 800 guerreros para lograr controlar las tribus pampeanas, la historia argentina exotérica (y la esotérica, también) dieron un vuelco. Ese momento marcó el principio de medio siglo de dominio indígena de las pampas, regido por una dinastía legendaria, que como nunca antes logró poner en jaque al gobierno de Buenos Aires.
      El líder de los mapuches se llamaba Juan Calfucurá, un hombre de 68 años que ostentaba en su linaje el poder de la Piedra. Efectivamente, su familia era de la tribu de los Cura, los Piedra en idioma mapuche.
      “Los indios araucanos (mapuches) arrebatan a la naturaleza un nombre y lo aplican a sus familias, modificándolo sucesivamente por medio de la acumulación de adjetivos. De ésta manera forman sus nombre propios con uno general de estirpe o linaje y otro que individualiza.”

      Cuenta la leyenda que Calfucurá tomó su nombre del hecho que cuando se hallaba a orillas de un río en sus primeros años de vida se vio sorprendido por la caída de una piedra azul. De allí entonces su nombre y su poder mágico.
      Porque los caciques no solamente ostentaban el poder físico sino también el sobrenatural. Más allá de la existencia de las Machi, shamanes de la cultura mapuche, los caciques eran los portadores del toki o insignia de mando.

      “Calfucurá era como un dios;
      cuando hacía Nguillatún
      todos tenían que darle lo que él pedía.
      En los malones
      –cuando se veía urgido–
      él pedía una lluvia o un viento
      que levantaba las piedras
      y los huinca tenían que volverse.
      A lo mejor tenía un Pichi-Pillán.
      Era una piedra en forma de persona,
      ese es el que le daba la fuerza
      para ir a la guerra”.
      (Relato de José Carril Pircunche, de Cajón, cerca de Temuco)

      Estanislao Zeballos en una obra que trasunta un injustificado odio racial para con los indígenas cita (1) ciertas apreciaciones sobre la figura de Calfucurá que afirman:
      “Es muy popular, trata a todos con amabilidad, dándoles a unos el título de hermano, pariente o cuñado, a otros el de tíos, primos o suegros. Pero la sola idea que tienen los indios de que adivina, es suficiente para que se apodere de todos o un respeto profundo o un terror espantoso. Hay indios culpables que esquivan ser vistos por Callvucurá.
      Su carácter altivo y supersticioso lo hace más temible aún, tanto que se cree que siempre es afortunado en todo, porque sus obras son inspiración de Dios. Esto él mismo lo dice. Se tiene hasta en el concepto de adivino, por cuya razón nadie se permite hablar mal de su persona”
      Indudablemente, las descripciones se ajustan a una persona con ciertas características atípicas. Reafirmo tal apreciación con el agregado de su vitalidad de longevidad. Cuando comenzó su reinado en las Pampas tenía casi 70 años y por casi cuatro décadas ejerció el poder. Falleciendo a la edad de 108 tras sufrir una aplastante derrota en la batalla de San Carlos al ser traicionado por su otrora aliado Catriel.
      Que extraño poder tenía esa piedra para permitir que un hombre llegara a esa edad en una época de continuos padecimientos e interminables guerras. No olvidemos que su padre, también septuagenario, Huente Curá acompañó al general José de San Martín en etapas del cruce de la Cordillera de los Andes y en la batalla de Chacabuco que significó la liberación de Chile.
      Álvaro Yunque describe así a Juan Calfucurá (piedra azul): "Valiente, audaz, hombre de guerra, no de trabajo, como todo primitivo, infiel a los pactos -como el cristiano, por otra parte- receloso y astuto". Como muchos grandes líderes de la historia, se dejaba ver poco. Además, hacía creer que tenía poderes de adivino. En Choele Choel el cacique vivió con sus 32 mujeres. De estatura más bien baja, de cuerpo fornido, cabeza grande y ojos penetrantes, se lo recuerda como una personalidad imponente.
      Carlos Martínez Sarasola afirma:
      “Estos jefes eran hombres especiales. Poseedores del don de la palabra; con atributos de sacralidad; considerados en muchos casos con poderes especiales que los hacían excepcionales. Muchos eran adivinos. Solían tener visiones y sueños cuyos significados luego interpretaban en beneficio de sus comunidades. Con sus piedras sagradas, como esa de color azul que el mismo Calfucurá encontró siendo aún un adolescente y que lo acompañó desde entonces señalándole su camino de liderazgo y aún su propio nombre (Calfu: azul; curá: piedra).
      Los grandes caciques eran algo más que jefes de la guerra. Representaban una cosmovisión y un mundo espiritual, que a su vez permitió el sostenimiento de la identidad y la autonomía indígena por un tiempo muy prolongado”.
      “Lo que no pudo morir fue su espíritu, encarnado en los actuales descendientes, y también en la necesidad creciente de cada vez más personas de recuperar valores como el respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos; el sentido

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