19th Sep 2008

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    1. Al quedar sola no se deja vencer por la tristeza y el sufrimiento. Rita, ferviente devota de San Agustín y de Santa Mónica, pidió ingresar en el monasterio de las Agustinas, más recibió una firme negativa, ya que no aceptaban viudas. Ella se volvió de nuevo a Jesús en oración. Ocurrió entonces un milagro. Una noche, mientras Rita dormía profundamente, oyó que la llamaban ¡Rita, Rita, Rita! esto ocurrió tres veces, a la tercera vez Rita abrió la puerta y allí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan el Bautista del cual ella había sido devota desde muy niña. Ellos le pidieron que los siguieran. Después de correr por las calles de Roccaporena, en el pico del Scoglio, donde Rita siempre iba a orar sintió que la subían en el aire y la empujaban suavemente hacia Cascia. Se encontró arriba del Monasterio de Santa María Magdalena en Cascia. Entonces cayó en éxtasis. Cuando salió del éxtasis se encontró dentro del Monasterio. Por la mañana, las religiosas la encontraron sentada en el jardín del claustro. Ante aquel hecho no pudieron ya negarle entrada. Es admitida y hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años de consagración a Dios.
      Durante su primer año, Rita fue puesta a prueba por sus superioras.
      Cierto día, se le ordenó como acto de obediencia, regar cada día una planta muerta. Rita lo hizo prestamente y de buena manera. Una mañana, la planta habíase convertido en una floreciente vid y dio uvas que fueron usadas para preparar el vino sacramental. Hasta el día de hoy, la vid sigue dando frutos.
      Rita meditaba muchas horas en la Pasión de Cristo, meditaba en los insultos, los rechazos, las ingratitudes que sufrió en su camino al Calvario
      Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Cascia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor. Tocaron tanto a Rita sus palabras que pidió fervientemente al Señor ser participe de sus sufrimientos en la Cruz. Recibió los estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza. A la mayoría de los santos que han recibido este don este don exuden una fragancia celestial. Las llagas de Santa Rita, sin embargo exudaban un olor espantoso, por lo que debía alejarse de la gente.
      Vivió sola durante quince años, alejada de la Comunidad. Más su sufrimiento tuvo una tregua cuando quiso ir a Roma para el primer Año Santo. El estigma de su cabeza desapareció durante el tiempo que duró la peregrinación. Tan pronto como llegó de nuevo a casa volvió a aparecer, debiendo aislarse de nuevo.

      En su vida tuvo muchas llamadas pero ante todo fue una madre tanto física como espiritualmente. Cuando estaba en el lecho de muerte, le pidió al Señor que le diera una señal para saber que sus hijos estaban en el cielo. En pleno invierno recibió una rosa del jardín cerca de su casa en Roccaporena. Pidió una segunda señal, recibió un higo del jardín de su casa en Roccaporena, cuando todavía arreciaba el rigor invernal.
      Los últimos años de su vida fueron de expiación. Una enfermedad grave y dolorosa la tuvo inmóvil sobre su humilde cama de paja durante cuatro años. Ella observó como su cuerpo se consumía con paz y confianza en Dios.
      Durante la enfermedad, a petición suya, le presentaron algunas rosas que habían brotado de manera prodigiosa en el frío invierno en su huertecito de Roccaporena. Ella las aceptó sonriente como don de Dios.
      Rita recorrió el camino de la perfección, la vía purgativa, la iluminativa y unitiva. Conoció el sufrimiento y en todo creció en caridad y confianza en Dios. El crucifijo fue su mejor maestro. Al morir la celda se ilumina y las campanas tañen solas por el gozo de un alma que entra al cielo.
      Entregó su alma al Señor en 1457. Instantáneamente, la herida del estigma desapareció y en lugar apareció una mancha roja como un rubí, la cual tenía una deliciosa fragancia. Debía haber sido velada en el coro, pero debido a la inmensa muchedumbre que acudió se necesitó la iglesia. Permaneció allí y la fragancia nunca dejó de impregnar el recinto.. El ataúd de madera que tenía originalmente fue reemplazado por uno de cristal y ha estado expuesta para veneración de los fieles desde entonces. Multitudes todavía acuden en peregrinación a honrar a la santa y pedir su intercesión ante su cuerpo que permanece incorrupto.
      León XIII la canonizó en 1900.
      ¿El mérito de Rita? No fue santa por las abejas que revolotearon sobre su cuna, ni por su misteriosa entrada en el monasterio, ni por que florecieron rosas en pleno invierno, sino por haber vivido los consejos evangélicos intensamente en cada momento de su vida. Ante la desgracia, pudo haber maldecido, renegado, desesperado, pero con una fe a toda prueba, siguió adelante, aceptó los caminos inexplicablemente dolorosos por los que era llevada y se entregó por completo con amor y confianza ilimitada en las manos de Dios.
      Quedad con Dios, amigos.
      Doña Guiomar de Ulloa

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