1st Mar 2010

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    1. Cuando la flota anglo-francesa bloqueaba Buenos Aires en apoyo a los unitarios, San Martín escribía a Juan Manuel de Rosas:

      "Pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que, por un espíritu indigno de partido, se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española. Una tal felonía, ni el sepulcro la puede hacer desaparecer".

      No era el caso del artillero Martiniano Chilavert, unitario que había combatido a la órdenes de Lavalle, y Fructuoso Rivera.

      Estaba exiliado en Brasil cuando se produce el combate de Vuelta de Obligado (20/11/1845), y varios meses después escribe al general federal y oriental Manuel Oribe:

      "El cañón de Obligado contestó a tan insolentes provocaciones. Su estruendo resonó en mi corazón. Desde ese instante un solo deseo me anima: el de servir a mi patria en esta lucha de justicia y de gloria para ella."

      Y ofrece sus servicios a la Confederación "por ser opuesto a mis principios combatir contra mi país unido a fuerzas extranjeras, sea cual fuera la naturaleza del gobierno que lo rige".

      En la batalla de Caseros contra el "Ejército Grande" de Urquiza (financiado por Brasil) dirigió las fuerzas de artillería de la Confederación, haciendo fuego contra el grueso de las tropas invasoras brasileñas (Brasil aportó 4.000 soldados a ese ejército, comandados por el Marqués de Souza) hasta agotar la munición. La última resistencia fue la de la artillería de Chilavert y la infantería de Díaz (también unitario). Como se le terminaron las balas, mandó recoger los proyectiles del enemigo que estaban desparramados alrededor suyo y disparó con éstos. Y cuando no hubo nada más que disparar, finalmente la infantería brasileña pudo avanzar... y así terminó la batalla.

      Habiendo tenido ocasión de escapar, permaneció sin embargo fumando tranquilamente al pie del cañón hasta que lo llevaron frente a Urquiza. Urquiza ordenó su fusilamiento por la espalda (castigo usualmente aplicado a los traidores), pero cuando lo llevaron sitio de fusilamiento, Chilavert, tras derribar a quienes lo arrastraban, exigió ser fusilado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Todas las heridas fueron de frente, pero su cadáver permaneció insepulto varios días.

      Había nacido en Buenos Aires en 1798.

      .

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