30th Jan 2008

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    1. ºººº Quizás algunos entenderán el por qué de esta larga inserción en mi fotolog. Otros no. Y otros querrán ignorarla y otros la ignorarán. Ciertamente, muchas cosas pueden haber cambiado desde que una periodista escribió esto en su blog, tras una investigación respaldada. Obviamente fue y aún sigue siendo juzgada y criticada en forma grotesca por dar a conocer una realidad. Realidad, de la cual sin quererlo por terceros también algo conocí y hasta pude validar por los aciertos en diversos fotolog... Puede ser triste, pero creo necesario exponer dado que forma parte del cierre de un capítulo. ºººº Llegar a Chincolco no es fácil y permanecer allí tampoco. Sólo dos buses diarios salen hacia este pueblo olvidado en la precordillera. Por ahí pasó el Ejército Libertador en su camino hacia Santiago. Cuando Chincolco aún permanecía intacto. Mucho antes que el cura párroco, un fanático pinochetista demasiado querendón con los niños, hiciera leyenda y que el cuerpo golpeado y violado del joven Héctor Emilio Cortés, apareciera abandonado bajo la noche estrellada. Sin que hasta hoy - luego de quince años- se conozca quiénes fueron los culpables. “EN CHINCOLCO SOMOS TODOS GAY” El último bus sube apenas por el estrecho camino que conduce a Chincolco, su último destino. Son las 11 de la noche y la oscuridad es total. Tras cinco horas de viaje, el chofer deja a los lugareños a un costado de la ruta empinada a más de dos mil metros de altura y advierte: “Chincolco es súper tranquilo, pero está lleno de gay”. En Pedro Montt sin número, las luces del Gerard Pub son las únicas que aún permanecen encendidas. Su dueño, Gerardo Castillo, se asoma por la mampara y con un delicado ademán invita a conocerlo. En la barra está sentado su amigo Rodrigo Castro, quien con aura misteriosa comenta: “Aquí hay una onda especial. Nunca he estado en Amsterdam, pero Chincolco… bien podría ser Amsterdam y por eso yo me siento bien. Por algo aquí llegan los gringos y los antropólogos a hacer sus tesis. Algo está pasando en Chincolco y pronto se va a descubrir…” Gerardo está detrás del mesón escarbando entre una ruma de casetes. “Hoy tienes que cantar Rodrigo, no te puedes correr”, dice. Elige “Gracias a la vida”, en la voz de Mercedes Sosa. Rodrigo se niega a cantar, pero repite cada frase como si le encontrara sentido a cada palabra. “Aquí hay mucho gay. Lo digo con orgullo, aunque yo no llevo el estandarte… Por eso me gusta el Yerko y les gusta a todos, porque nos hace ‘boom, boom’”, dice mientras el famoso personaje hace de las suyas en la pantalla de un televisor viejo colgado en una esquina. “Aquí pasa lo mismo que en Santiago, no hay mucha diferencia, sólo que aquí se nota más. ¿Me entiendes? Los vicios están en todas partes, no sólo en la ciudad”, argumenta. Rodrigo usa el pelo largo, sus dedos también son largos y los mueve coquetamente al hablar. Nacido y criado en Chincolco hoy tiene 44 años. Con Gerardo se conocen desde que eran compañeros del Liceo de hombres. “En el fondo” -dice Gerardo-, en Chincolco hay mucha soledad y mucho cinismo. Todos saben lo que acá pasa, pero nadie dice nada. Antes, el centro de acá era la iglesia. El padre Miguel Jaramillo movía todo: las fiestas religiosas y las misas a las que iba todo el mundo. Pero se retiró hace muchos años ya y hoy la juventud prefiere salir a carretear”. Según explica Gerardo, desde que en 1943 el cura párroco llegó desde Concepción a hacerse cargo del destino moral del pueblo, fue adquiriendo cada vez más poder. “Tenía una gran capacidad de mover masas –afirma-, “tenía mucha influencia, se movía políticamente y además... tenía preferencia por los niños hombres. Le decían “el Paúl Schaeffer chico”. Se dice que durmió con el ex alcalde de Petorca, Luis Pérez Torres, quien ganó la elección gracias a los votos de la gente que seguía al cura. Según el pueblo, se casaron en secreto. Cuando el cura se retiró en 1988 dijeron que estaba enfermo, pero la verdad es que su salida la pidió el obispo de San Felipe, Manuel Camilo Vial, porque consideró que era muy de derecha. El cura Jaramillo fue el Pinochet de este pueblo”.

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