2nd Nov 2007

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    1. Ahora que ha pasado Jálogüin, esa celebración tan española como mi manera de escribirlo, me ha dado por pensar en que según crecemos se nos van quitando las ganas de disfrazarnos, con lo que eso mola. Y me ha dado por pensar en las mierdas de las que me disfrazaba mi madre cuando era chiquinino. Es lo que pasa cuando tienes una madre “moderna”, a la que le da por experimentar sus ideas creativas con su pobre hijo. Vamos, que me vestía de adefesio…

      Todos los niños de pequeños, en carnaval, o en cualquier celebración en la que había que ir disfrazado, se vestían de Superman, de Zorro, de pirata, de payaso, de vaquero… ¿Y ellas? Pues había dos disfraces que supongo que toda muchacha que lea esto, habrá pasado por ellos: el de princesa y el de Caperucita Roja. Todo esto era más que nada porque tu madre no tenía ni puta gana de currarse el disfraz, claro. Porque si por ti fuera, te hubieras disfrazado de cosas imposibles…

      El caso es que viendo unas cuantas fotos de cuando era pequeño, he recordado una serie de disfraces que me hacían un niño un tanto… especialito… Recuerdo que una vez mi madre me disfrazó de hamburguesa, con dos cojones. Yo iba metido dentro de una especie de caparazón marrón de tela acolchada de la que salían trozos de tela rojos y verdes (el tomate y la lechuga, por supuesto). Y en la cabeza tenía una máscara, hecha a mano, de un bote de ketchup de esos gordos rojos con el pitorro amarillo. Al final la hamburguesa acabó como alfombra de mi habitación durante varios años…

      Otro año se le ocurrió vestirme de regalo. Aquí no se curró nada el traje pero no recuerdo nada más ridículo en años. Lo que hizo fue meterme en una caja de cartón gigante forrada con papel de regalo y ponerme la tapa en la cabeza con un lazo de dimensiones desproporcionadas. Este fue mi primer contacto con la mendicidad de los cartones. Otro año también recuerdo que me vistió de sonámbulo… y me hizo bajar a la calle con un camisón, unos leotardos blancos, un gorro de dormir, unas gafas de tela de estas que se usan para dormir, un cojín en una mano y una vela (encendida) en la otra, ¿qué os parece?

      Y todavía recuerdo cuando me vistió de semáforo (este sí que se lo curró) con un traje hecho con una tela con coches de colores y con la cara pintada de rojo, amarillo y verde… O de loco, que me puso una camisa al revés con la que era totalmente imposible moverse en todo lo que duraba la cabalgata, y un embudo en la cabeza. Pero la foto que más ridículo me hizo sentir fue cuando me vistió de oso, con un traje de piel de borrego y una corbata blanca con lunares rosas… ¿por qué esa corbata?, ¿qué coño pinta un oso con una corbata?, ¿por qué, además, me pintó la cara con coloretes? ¿Quería mi madre una niña y le salí yo? Esto, nunca lo sabremos, amigos.

      Y vosotros, ¿recordáis algún disfraz traumático? ¿os disfrazábais para esas horribles funciones del cole?

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