27th Mar 2009

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    1. medormi re tarde leyendo con todos libros mezclados de muchas epocas diferentes. los que no se sabe bien de cuándo sean son los que prefiero. y no elegi todavia uno, pero encontré este de almafuerte que me resulta muy divertido y habla de todas las partes del cuerpo de su novia, mis preferidas son la de los oyuelos y la de pechos como mmuros de amapolas. es muy particular el efecto de ridiculez-rima y dios de almaf. como para decir que la frente es un remate dótico de una ramaaa
      aca está




      Cantar de cantares

      Níveo cáliz de magnolia
      decorando los retoños de la rama
      como ánfora de sueños es tu frente.

      Sí, tu frente
      hija mía, madre mía, novia mía,
      es el gótico remate de la rama,

      su divino corolario:
      es el grave, pausadísimo insensario,
      cuya mirra de sapiencia por mi templo se derrama.




      -




      Radiaciones de las mieses,-




      rubias ondas encrespadas y brillantes




      y crujientes de los trigos, -tus cabellos,-




      ¡tus cabellos,




      cuando sueltas las cascadas de tus rizos!




      Son las hebras rubicundas y brillantes




      de la testa de las diosas,




      de las diosas imperiosas y graciosas




      bajo el casco de sus crines enrizadas y flotantes.




      -




      Como sello de turquesas,-




      de turquesas bien profundas, bien extrañas,




      bien azules, como el aire,- son tus ojos;




      grandes ojos




      vagamente sorprendidos al mirarme:




      son dos piedras bien azules, bien extrañas




      que incrustaron los querubes,-




      los que ciñen a los astros con las nubes,-




      bajo el arco y en el fleco de tus cejas y pestañas.




      -




      Cicatrices de caricias,-




      cicatrices de dos besos fraternales




      de las almas de dos lirios,- tu oyuelos:




      tus oyuelos




      inestables, intangibles, indelebles:




      son las huellas de dos besos fraternales




      que te dieron al venirte,




      que te dieron, al salir a despedirte,




      los dos ángeles mas puros de los coros celestiales.




      -




      Florecitas de durazno




      que la veste de las auras amontona




      bajo el cielo de la tarde, tus mejillas;




      tus mejillas




      de sedosos, inefables terciopelos:




      son las flores que un arcángel amontona,




      bajo el cielo de tus ojos,




      por los balles de sonrisas y sonrojos




      que divide tu severa naricita de matrona.




      -




      Como pétalos de rosa,




      como pétalos de rosa purpurada, -




      purpurada como sangre,- son tus labios;




      esos labios




      que predican candorosos evangelios:




      son dos pétalos de rosa purpurada




      que calleron en la nieve;




      son el borde que resuena, que se mueve,




      de aquel vaso de Sajonia, de tu barba nacarada.




      -




      Blanco polvo sacarino




      que decora rojos néctares de fresas,




      tamarindos y granadas, son tus dientes;




      bellos dientes




      como hermanos amorosos que se juntan:




      son azúcar en la crátera de fresas




      de tu boca cuando ríes;




      son diamantes de Golconda que deslíes




      en el bálsamo bendito de tus besos, cuando besas.




      -




      Caracoles nacarados,




      nacarados caracoles pequeñitos




      de la playa de los mares, tus orejas;




      tus orejas




      yo no sé por qué rubor enrojecidas:




      son dos rojos caracoles pequeñitos




      que te llevan al augurio,




      que le llevan a tu espíritu el murmurio




      de las cosas venideras, de los tiempos infinitos.




      -




      Bella página de un libro,-




      bella página de un libro de oraciones




      con estampas bizantinas,- tus afectos;




      tus afectos




      transparentes y profundos como el éter:




      son la página del libro de oraciones




      donde rezan los nenitos,-




      donde buscan los nenitos, ¡pobresitos!




      las Madonas y los Cristos de radiantes corazones.




      -




      Como lámpara votiva




      que llenase de fulgores el santuario




      de algún pálido Ecce homo, tu gran alma;




      superalma




      de una dulce, femenina fortaleza:




      en la lámpara votiva del santuario,




      que fulgura gravemente,




      que derrama gravemente, tiernamente,




      sus bondades luminosas en la cruz de mi calvario.




      -




      Como el bíblico poeta,




      como el rey de los proverbios seculares




      que no pasan, que no mueren, yo te canto;




      sí, te canto




      hija mía, madre mía, novia mía:




      con palabras que retumben seculares,




      que no pasen, que no mueran,




      que los hombres para siempre las profieran




      como el cántico sublime del cantar de los cantares.

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