23rd Jan 2009

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    1. La Santísima virgen del roble tiene una historia muy importante en nuestra ciudad, ya que la historia señala su presencia en estos valles desde, incluso, antes de la fundación que hiciera Diego de Montemayor en 1596. En el año de 1592, Fray Andrés de León, colocó una imagen de la Virgen Santísima en el hueco de un roble, para protegerla de las incursiones de los indígenas nómadas y salvajes. El mencionado religioso, en compañía de Fray Diego de Arcaya y Fray Antonio de Salduendo, salió el año citado de Saltillo, recién fundado, para evangelizar una numerosa e importante tribu, que habitaba en las faldas del Cerro de la Silla. Consta en un importante manuscrito perteneciente al Archivo Histórico del Convento de Guadalupe, Zacatecas –año de 1788, legajo número 86- que en ese lugar se erigió un rústico altar, bajo la enramada de un frondoso roble, en cuyo tronco había un hueco a modo de hornacina. Precisamente en este lugar fue donde colocó Fray Andrés la pequeña imagen de Nuestra Señora a la que nos referimos. Este lugar, conocido con el nombre de “Piedra Blanca”, fue el asiento de la primera misión y, cuatro años después, es decir, en 1596, incluyendo 34 familias de labradores españoles que allí acudieron, constituyó el núcleo de la ciudad de Monterrey. Estos fueron los cimientos de la espectacular Ciudad Metropolitana que, con el título de Nuestra Señora de Monterrey, la cual fue fundada el día 20 de septiembre de 1596. Poco después de haberse radicado los españoles en este lugar, una inocente niña acostumbraba conducir cabras de su familia a pacer en los campos vecinos, escuchó que, desde un roble, la llamaban por su nombre y quedó asombrada y confundida, pues sabía que en esos solitarios lugares no habitaba ninguna persona. Se acercó al árbol desde donde la llamaban y descubrió la imagen de la Reina del Cielo oculta en una cavidad del tronco, que le servía de nicho o trono y la defendía de las lluvias y recios temporales. Notó además que “despedía de sí un suave olor, y estaba adornada de tanta claridad, que aquel dichoso sitio más parecía la Gloria que tronco de un árbol entre tanta maleza”. Resolvió dejar su rebaño y corrió a dar la noticia a sus padres, diciéndoles: “Venid conmigo y veréis una cosa prodigiosa que no se explicar”. Los padres de la niña, cristianos de fe sencilla, hallaron la imagen de la celestial Señora a la que ofrecieron oraciones. Enseguida avisaron al señor cura, quien convencido del hecho, invitó al pueblo para que, en procesión trasladaran la Santa Imagen al templo parroquial. A la mañana siguiente, cuando todos los vecinos se levantaron, se encontraron con el inexplicable hecho de que la Imagen no se hallaba en su lugar. Y al volver presurosos e intrigados al lugar donde había sido hallada la Imagen, la encontraron en el mismo hueco del roble de donde había sido transportada el día anterior. Al amparo de la noche, se había vuelto a su lugar de origen; lo cual podía fácilmente probarse por tener su manto lleno de zacate y cadillos propios de aquella tierra venturosa. Con esta actitud, se interpretó que la Señora del cielo quiso dar a conocer su voluntad expresa de que precisamente en ese lugar se edificase un templo. Y dice la piadosa y verídica historia, que el hecho se repitió tres veces, como para que no hubiera lugar a duda. La Santa imagen se venera en el Santuario de la virgen Santísima del Roble, en el cual se conserva un gran trozo de madera, que la tradición afirma ser parte del tronco en el cual fue hallada la sagrada imagen. Es muy de creerse que, después de colocarse la imagen en el hueco del roble, una nueva y súbita rebelión de indios de la misión, o un ataque sorpresa de alguna de las muchas tribus bárbaras que merodeaban por estos alrededores, obligó a misioneros y conquistadores a abandonar rápidamente la primera misión, sin que tuvieran tiempo de recoger la santa imagen que quedó allí abandonada. No se puede precisar cuánto tiempo estuvo en aquél lugar la imagen; pero si podemos decir, que no fue hallada sino después de 1626, fecha en la que sabemos que ya existía la primitiva parroquia, ya que la narración tradicional nos dice que la santa imagen fue llevada al templo parroquial. En los más antiguos documentos del archivo municipal de esta ciudad, se le llama “La Virgen de los Nogales”, “La Madre de Dios del Reino” y “Nuestra Señora del Nogal”. “Se habla de la virgen y de sus primeros milagros, pero no se sigue hablando de otros milagros, aunque no por desconocidos no quiere decir que no tenga. Consideremos simplemente la pujanza que ha tenido esta ciudad industrial, el milagro de hacer crecer de tal modo a esta ciudad, que es una de las más importantes del país”, señala el padre Guzmán, rector de la basílica del roble. En la actualidad el templo atraviesa por un profundo proceso de saneamiento, ya que hasta hace unos años, se encontraba en muy mal estado tanto exterior como interiormente. “Tratamos de darle una manita de ga

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