8th May 2008

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    1. INTRODUCCION
      El Palacio Real de Madrid, también llamado Palacio de Oriente, está situado en Madrid (España). Se comenzó a construir en 1738 según planos de los arquitectos Filippo Juvara y de su discípulo Juan Bautista Sachetti, aunque a las órdenes de éste último también participaron otros como Ventura Rodríguez y Francesco Sabatini. Es el mayor palacio real de Europa Occidental en extensión, con 135.000 m² y más de 2.800 habitaciones, y alberga el quinteto de los Stradivarius Palatinos, la colección más importante del mundo de estos instrumentos.

      El Palacio fue la residencia oficial de los Reyes hasta los años 30 del siglo XX, si bien en la actualidad se utiliza únicamente para la celebración de ceremonias de Estado, ya que la Familia Real reside en el Palacio de la Zarzuela, cercano a Madrid, donde los actuales reyes consideraron que podían preservar su intimidad más fácilmente que en un Palacio con las dimensiones del de la capital.

      El último monarca que vivió en él de manera habitual fue Alfonso XIII, aunque Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, época durante la que fue conocido como Palacio Nacional, también residió allí, siendo el último jefe de estado que lo hizo. Las habitaciones privadas utilizadas por Alfonso XIII, en la denominada Ala de San Gil, han estado mucho tiempo en estado de semiabandono y están en proceso de restauración. Actualmente el Palacio es gestionado por el organismo Patrimonio Nacional, dependiente del Ministerio de la Presidencia.

      El interior del Palacio destaca por su riqueza artística, tanto en lo que se refiere al uso de todo tipo materiales nobles en su construcción como a la ubicación en sus salones de colecciones de pintura de artistas como El Greco, Rubens, Caravaggio, Velázquez, Tiepolo, Mengs o Goya. Otras colecciones reales de gran importancia histórica y artística se mantienen también en el edificio, como las de la Armería Real o las de tapices, porcelanas y mobiliario.

      HISTORIA
      Los orígenes del Palacio se remontan al siglo IX, cuando el emir cordobés Muhammad I construyó una edificación de carácter defensivo en un altozano desde el que se dominaba el valle del río Manzanares. Tras la conquista del enclave por el rey Alfonso VI dos siglos después, el primitivo castillo musulmán se transforma en un alcázar que es ampliado sucesivamente a lo largo de los siglos por la corona hasta convertirse en sede de la corte en tiempos de Felipe II. Este Antiguo Alcázar sucumbió en 1734, reinando Felipe V, a un incendio que duró tres días, desde el 24 de diciembre, Nochebuena, hasta el 27.

      El rey quiso que en el mismo lugar se construyese un nuevo palacio, simbolizando así la continuidad de la Monarquía Española en la recién instaurada Casa de Borbón. Se pensó para ello en el arquitecto italiano Filippo Juvara, pero el fallecimiento de éste en 1736 determinó que el proyecto fuera adjudicado a su discípulo Juan Bautista Sachetti. Este se vió obligado a modificar los planos de su maestro, que había proyectado un edificio de líneas más horizontales que se iba a ubicar en los cercanos Altos de Leganitos, transformándolo, para poder adaptarse al menor espacio disponible, en una construcción de carácter más vertical, ampliando a seis los tres pisos planeados por Juvara, recurriendo para ello a los entrepisos, frecuentes en la arquitectura italiana.

      Las obras comenzaron el 6 de abril de 1738 al colocarse, en el eje central de la puerta principal de Palacio y a unos once metros de profundidad, la primera piedra, formada por un gran sillar de granito ahuecado en cuyo interior se colocó una caja de plomo en la que se guardaron muestras de cada una de las monedas en circulación legal en aquel momento.
      El palacio no pudo ser habitado hasta 1764, reinando ya Carlos III, cuando se terminaron las obras interiores, aunque todavía faltaba la decoración de algunos salones. La construcción principal duró por lo tanto veintiséis años, pero las obras complementarias continuaron en los reinados sucesivos y hasta la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII, ya a finales del siglo XIX, no se pudo dar por finalizada la obra.

      Conocido en el siglo XVIII como "Salón de Embajadores " o "Salón de Reinos", conserva el aspecto de la época de su decoración, durante el reinado de Carlos III. El salón está presidido por dos tronos con las efigies de los actuales reyes de España y son copia exacta del trono de la época de Carlos III. Todo el salón está tapizado en terciopelo de color rojo con orlas de estilo rococó de plata dorada traídas desde Nápoles. A ambos lados del trono se sitúan cuatro leones de bronce dorado realizados para Felipe IV y que, junto a otros ocho que se conservan en el Museo del Prado, fueron usados en la decoración del Salón de Reinos del anterior Alcázar.

      Decoran el salón doce consolas doradas de estilo rococó acompañadas por otros tantos espejos realizados en la Real Fábrica de Cristales de La Granja.

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