30th Apr 2009

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    1. Señor (presidente), señoras y caballeros. Indudablemente, constituye un grande e inmerecido privilegio el dirigirse a un audiotorio como el presente. Jamás hasta hoy, en toda la historia de la civilización, el ingenio y el intelecto del hombre se han visto enfrentados a problemas tan considerables. ¿Qué divisamos en el horizonte? ¿Cuáles son las fuerzas que se hallan en acción? ¿Hacia dónde estamos arrastrados? ¡Ah!, amigos míos, dejando de lado el ropaje de todo discurso humano, la prueba crucial de todos estos intrincados problemas a que acabo de aludir, es la decidida y enérgica aplicación de aquellas leyes inmutables que, a lo largo del correr del tiempo han guiado siempre la mano del hombre en continua búsqueda de la débil luz de algún faro que dé aliento a sus esperanzas y aspiraciones. Debemos enfrentarnos nuevamente con estos problemas cuya respuesta y solución son cada día más urgentes. El meollo del asunto no puede eludirse. Aquí lo tenemos. Sobre ti, sobre mí, sobre todos nosotros recae el peso de la responsabilidad.
      ¿Cuál es, entonces, nuestro deber? ¿podemos seguir permitiendo que la corriente nos arrastre?. ¡No!. con toda la fuerza de mi ser lanzo a gritos este mensaje: ¡No hay que dejarse arrastrar más!. Hay que esforzarse en seguir adelante y hacia arriba, en dirección al bien último al cual todos debemos aspirar. Pero no puedo concluir mis observaciones, queridos amigos, sin aludir brevemente a un asunto que sé que tiene profundas raíces en lo más hondo de vuestras conciencias. Me refiero a ese principio estimulante, sin el cual, toda empresa, todo negocio y toda industriase paralizarían y desaparecerían de la faz de la tierra como un profundo crepúsculo carmesí. Observad que no pretendo alarmar ni consolar a las madres, padres, hijos e hijas reunidos ante mí en esta inmensa sala, pero desde luego sería un traidor a una alta resolución que tomé en los días de mi juventud, si ahora, en este lugar, con el pleno sentido de la responsabilidad que asumo, no declarara ni afirmara públicamente mi dedicación y mi consagración más leal a los principios eternos y a las normas que llamamos sencilla, ordinaria y corrientemente... justicia.
      \tPorque ¿qué es la justicia? ¿de dónde viene? ¿a dónde va? ¿es tangible?, no lo es. ¿Es ponderable?, no lo es. La Justicia no es nada de eso y, sin embargo, en cierto sentido es la combinación de todo ello. Aunque no puedo decirles qué es la Justicia, sí puedo deciros esto... que sin los brazos acogedores de la Justicia, sin su égida, sin su cuidado, la nave del pueblo navegaría a través de mares inexplorados, evitando a duras penas los escollos y arrecifes y haciendo inevitablemente rumbo hacia el puerto de la calamidad.
      \t¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!. A ti rendimos homenaje. A ti dedicamos los laureles de nuestra esperanza. Ante ti nos arrodillamos con veneración, penetrados por tu inmenso poder y mudos ante tu inescrutables designios.

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