11th Jan 2011

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    1. El hombre todavía tiene miedo. No lo dice ni lo explica. Se le nota. "La sacamos barata. No sé cómo la puedo contar", apunta en pleno Rosario, una ciudad con las sensaciones dolorosas todavía frescas por el enfrentamiento del domingo entre hinchas de River y de Newell's, en el peaje de la ruta 9 cercano a la localidad de Lima, que dejó un saldo de dos jóvenes rosarinos asesinados, al menos una decena de heridos y cerca de mil detenidos que fueron liberados ayer. Horas después de la barbarie, Clarín pudo reconstruir, sobre lo dicho por testigos y protagonistas embanderados con uno y otro equipo, la historia de una pelea que volvió a llenar de espanto al fútbol y a la sociedad argentina. Si bien las voces de uno y otro lado se contraponen a la hora de otorgar responsabilidades por el inicio de la confrontación, hay coincidencia en cómo, cuándo y dónde estalló el horror. El domingo, en medio de la confusión, la Justicia de Zárate y Campana teorizó sobre un supuesto duelo pactado entre las barras. Sin embargo, según pudo averiguarse ayer, el enfrentamiento no habría sido planificado, aunque los hinchas de River, se supone, aprovecharon su mayor poder de organización —sorprendente para quienes no conocen la dimensión que alcanzaron las barras bravas en este tiempo— para prevalecer sobre los de Newell's. Una persona que frecuenta la barra rosarina y que participó en la pelea aseguró ayer mientras pedía reserva de identidad al volcar su testimonio: "Es mentira que habia un choque pactado. Acá no se pactó nada. Lo que puedo decir es que por un momento el que estaba ahí debe haber pensado: 'o me matan o los mato'". Otro rosarino que vio de cerca el combate afirmó haber visto un micro de la hinchada de Newell's al que se le reventó una goma a 500 metros del peaje, lo que habría provocado la detención del resto. "Ahí aparecieron tres micros de River y empezó todo el lío", detalló. "Ahí empezó todo el lío", aseguró, también, alguien que viajaba en uno de los ómnibus con simpatizantes de River. Pero de acuerdo con los hinchas porteños, había cuatro micros de Newell's esperando de un lado del peaje y dos más del otro lado. Además de coincidir en que no había pelea pactada, alguien muy próximo a la barra de River desnudó la logística del grupo que viajaba desde Buenos Aires. Según esta fuente, la barra de River organiza sus salidas colocando tres autos que van 40, 30 y 20 kilómetros delante de la caravana de micros. Los ocupantes de esos tres coches habitualmente estudian el terreno y habrían sido los que observaron a los ómnibus de Newell's detenidos y notificaron al resto con handys (otro de los recursos de infraestructura de la barra). "Paramos 10 kilómetros antes del peaje y tomamos una decisión: 'Si tiran, bajamos; si no, seguimos'", dijeron desde River. Fuentes del grupo de River sostuvieron que los hinchas rivales tenían, al menos, cinco armas de fuego que dejaron tres heridos de bala no reportados a las autoridades. "Tenemos nuestros propios médicos", revelaron, explicando que esa práctica es corriente en la delincuencia común. Cerrando su ubicación de los acontecimientos, un hincha de Newell's advirtió que en las cabinas de peaje se encontraron tres micros con gente de River con otros cinco de Newell's. Pero enseguida aparecieron otros cinco colectivos de River. Todas las fuentes convergen en que los primeros disparos de arma de fuego surgieron desde el micro más adelantado de Newell's. La respuesta habría llegado desde una camioneta 4x4. Para no ser divisado por las cámaras de video de la estación de peaje, y atento a la cercanía de los hinchas de River, el primer grupo de Newell's habría retomado el viaje a la Boca. Detrás quedaron otros cuatro micros, que recibieron la peor parte tras un duelo que duró entre 10 y 15 minutos más. "Estaban armados con púas y navajas y atacaron con una ferocidad pocas veces vista", informaron fuentes policiales con los datos acercados por los empleados del peaje. Aunque parezca increíble, entre los hinchas más "pesados" de Newell's hablan con admiración de sus pares de River y Boca, a los que les reconocen estar "un escalón arriba por organización y por dinero". Hay otro detalle clave en esta historia: en la zona del enfrentamiento había apenas tres o cuatro gendarmes, muy poco para frenar el desastre. "Pobres, no sabían qué hacer", se compadeció un testigo. La increíble historia comenzó a cerrarse parcialmente ayer a la madrugada, cuando los últimos hinchas demorados en Zárate y Lima fueron liberados después de declarar. El domingo, mientras los heridos se reponían en el hospital de la zona, los padres de muchos hinchas recorrían el lugar horrorizados por los relatos que escuchaban. La peor pesadilla la vivieron los familiares de Claudio Puchetta, que falleció en el hospital de Zárate tras recibir tres puñaladas, y de Claudio Ponce, que quedó tendido en la ruta tras ser degollado. Dos víctimas de una tarde maldita.

      CONTINUA EN EL PRIMER Y SEGUNDO POSTEO...

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