21st Oct 2008

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    1. Ángela, víctima de sus héroes: Primera de cuatro partes

      Por Eduardo Sierra

      Chimalhuacán, Estado de México (20 octubre 2008).- En marzo del 2006, un policía mexiquense asignado al programa Escuela Segura hizo amistad con una niña de 12 años. Esa relación terminó en tragedia y llevó a los padres de la menor a emprender una larga lucha para encontrar la justicia.

      Ángela Solanch Rodríguez Martínez sentía una fascinación especial por la vida policiaca. Sus padres dicen que la niña quería ser agente de la ley. De hecho, coleccionaba recortes de periódicos sobre casos policiacos y en sus cuadernos dibujaba y escribía frases sobre esos personajes de placa y uniforme.

      Eso le facilitó al policía estatal Daniel Tenorio, de 30 años, establecer contacto con la niña de 13, sin que sus padres lo supieran.

      Ella era estudiante del primer grado de secundaria, él estaba adscrito al programa Escuela Segura y la conoció en uno de sus rondines.

      El miércoles 22 de marzo del 2006, después de algunos meses de conocerla, él la encontró cuando ella iba del trabajo de sus padres a su casa. No era la primera vez que sucedía. Charlaron un tiempo tras lo cual, Ángela subió a la camioneta roja que manejaba el oficial. La llevó a un hotel de paso, el Peña Blanca, por los rumbos de Santa María Nativitas, donde sostuvo relaciones sexuales con la menor.

      En tanto, Longino y Patricia, los padres de la niña comenzaban a preocuparse porque su hija no llegaba a casa. Esperaron inútilmente.

      Esa noche por primera vez no durmió en casa.

      Acudieron al Centro de Justicia de Chimalhuacán, pero las autoridades se negaron a levantar un acta por desaparición de persona.

      Como si su desesperación pudiera darles tregua, el personal en turno les recomendó que regresaran 24 horas después, en caso de que no aún no apareciera la niña.

      --Se le cuidaba. Nunca había faltado a casa, nunca se había quedado fuera --relata su madre, Patricia Martínez, con la mirada clavada en el suelo.

      --¿Cómo se explica que los mismos policías encomendados a proteger a los alumnos se anden ligando a las chavitas? - cuestiona la abogada de la familia, Leticia Zúñiga.

      Al día siguiente, ambos padres siguieron la búsqueda, que los llevó a visitar a las amigas de su hija, a sus compañeras de escuela, a su abuela... finalmente llegaron a casa de una hermana de la mamá.

      Ahí estaba Ángela. La acompañaba un policía de la Agencia de Seguridad Estatal, quien se encontraba detrás de la puerta. Los padres se ocuparon de verificar que su hija estaba bien.

      Daniel Tenorio Buendía, vestido con pantalón de mezclilla, playera blanca y una chamarra negra, intervino y le dijo al papá de Ángela:

      --Ayer encontré a su hija en una calle, la estaban molestando unos muchachos, entonces decidí llevarla a mi regimiento y la dejé esperando en una patrulla, porque tenía que atender un operativo.

      Padre y policía se despidieron de mano y el papá le agradeció al agente por regresar sana y salva a su hija.

      --Ya no le buscamos más -- cuenta la madre.

      Hasta ahí la historia parecía haber terminado con un final feliz.

      Sin embargo, Ángela no era la misma de siempre. "Sol", como la llamaban ellos presentaba un comportamiento extraño, distinto a como ella acostumbraba a ser. Sus padres ahora recuerdan que se mostraba inquieta a ratos, deprimida en otros momentos.

      Varios días después, una llamada telefónica terminó por revelarles a los señores Rodríguez la realidad.

      --¿Usted es el papá de Ángela? --le inquirió una voz de mujer a Longino y sin esperar respuesta, le dijo-- Su hija anda con mi esposo.

      --¿Cómo que mi hija anda con su esposo? --cuestionó el padre de Ángela a su interlocutora.

      Esa llamada y el cambio radical en el humor de Ángela, llevó a sus padres a hablar con ella. Finalmente, la niña reveló la verdad que había querido ocultar todos esos días.

      --Entre la charla, el policía me convence de que lo acompañe a su agrupamiento en una camioneta roja y me lleva a algo así como un dormitorio donde comenzó a acariciarme, pero en el otro cuarto había unos oficiales --relató la adolescente a sus padres.

      --Él le pregunta --continúa narrando el padre-- que si le gustaría que se fueran a otro lado, a lo cual ella accede. Y salen al famoso Hotel Peña Blanca, donde pasan la noche y abusa de la niña.

      Tenorio ingresó con Ángela al hotel ubicado en Nezahualcóyotl 6, Colonia Santa María Nativitas, y pagó 170 pesos por una habitación con cochera.

      Al llegar a ese punto de la historia, Longino y Patricia entendieron que tenían que elegir entre dos caminos: exigir justicia y transitar por el tortuoso sendero del burocratismo mexiquense, o quedarse callados, ignorar la voz de su hija y tratar de olvidar el asunto.

      Juntos acordaron demandar justicia.

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