18th Nov 2009

  1. Sign in
    1. Una maravillosa obra de William Shakespeare (L)
      amo esta Obra les pondre un un pequeño dialogo
      ____________________________________________
      BAUTISTA
      Bueno, ven conmigo y no tengas ese aire tan lastimero. Vas a continuar tus lecciones con mi hija menor que, además de tener excelentes disposiciones, es sumamente agradecida por cuanto se hace en su favor. En cuanto a ti, señor Petruchio, ¿quieres venir con nosotros o prefieres que te envíe a mi hija Catalina?

      PETRUCHIO
      Envíamela, sí, te lo pido. Aquí la espero. (Salen todos menos él). En cuanto llegue le voy a hacer la corte como se debe. Como le conviene. Si empieza a vociferar, le diré tranquilamente que su voz es tan dulce como la del ruiseñor. Si frunce el entrecejo; le aseguraré que su cara es tan tersa como las rosas matinales empapadas de rocío. Si, por el contrario, se obstina en permanecer muda; entonces alabaré su hablar voluble y su incomparable elocuencia. Que me dice que tome la puerta; le daré mil gracias, cual si oyera que no me fuese de su lado en toda una semana. Que se niega a casarse conmigo; le preguntaré amorosamente qué día hay que publicar las amonestaciones y cuál ir a la iglesia. Pero aquí llega; tú tienes la palabra, Petruchio. (Entra Catalina). Buenos días, Lina. Pues ese es tu nombre, según he oído decir, ¿no?

      CATALINA
      Sordo no eres, pero sí, sin duda, duro de oídos, porque los que hablan de mí me llaman Catalina.

      PETRUCHIO
      Mientes, no hay duda. Te llaman Lina, ni más ni menos; la buena Una; o bien, a veces, Lina, la maldita. Pero Lina, la más encantadora Lina de la cristiandad. Lina, apetitosa como una exquisita golosina. Lina, la deliciosa, pues decir Lina es como decir golosina. Y he aquí por qué. Lina de mi corazón, quiero que escuches lo que tengo que decirte. Habiendo oído en todas las ciudades que he atravesado alabar tu dulzura, celebrar tus virtudes y proclamar tu hermosura, por cierto, que mucho menos todo de lo que mereces, me he sentido inclinado a buscarte para hacer de ti mi esposa.

      CATALINA
      ¿Inclinado? ¡Qué te parece! Pues bien; que el que te ha inclinado que te enderece. Nada más de verte he comprendido que eras algo que se inclina, se endereza, se maneja ... Vamos, ¡un mueble!

      PETRUCHIO
      ¡Espléndido! Pero, ¿qué es un mueble?

      CATALINA
      Digamos un taburete.

      PETRUCHIO
      ¡Exacto! Ven, pues, a sentarte sobre mí, Lina.

      CATALINA
      Quisieras cargarme, ¿verdad? No me extraña; para cargar se han hecho los asnos.

      PETRUCHIO
      Habiendo sido hechas las mujeres para cargar también (hace señas refiriéndose al embarazo), aplícate lo mismo.

      CATALINA
      Si yo tuviera que cargar y soportar, nunca sería a un mostrenco de tu especie.

      PETRUCHIO
      ¡Mi dulce Lina! ¿No sabes que me esforzaré en no ser para ti una carga pesada, sabiéndote tan joven, tan frágil ...?

      CATALINA
      Demasiado frágil y ligera, bien que pese lo suficiente, como para que un patán como tú no pueda cargar conmigo.

      PETRUCHIO
      Eso lo veremos bien, tanto más cuanto que veo te ciernes a maravilla.

      CATALINA
      ¿Cerner? No está mal para haberlo dicho un cernícalo.

      PETRUCHIO
      El cernícalo te atrapará, ¡tortolilla de vuelo lento!

      CATALINA
      La tortolilla tendrá contigo para un bocado, cual si fueras un abejorro.

      PETRUCHIO
      ¡Ba, ea, avispilla querida! Eres muy rabiosa.

      CATALINA
      Si soy avispa, ¡cuidado con el aguijón!

      PETRUCHIO
      El remedio es fácil; se le arranca y en paz.

      CATALINA
      Los idiotas no saben dónde está.

      PETRUCHIO
      ¿Quién ignora dónde tienen las avispas el aguijón? ¡En la cola!

      CATALINA
      En la lengua.

      PETRUCHIO
      ¿En la lengua de quién?

      CATALINA
      En la tuya, que habla sin ton ni son. Adiós. (Hace ademán como para irse).

      PETRUCHIO
      Ea, Una, no te vayas. (La agarra entre sus brazos). Una querida, yo soy un hidalgo.

      CATALINA
      Es lo que voy a ver. (Le da un golpe).

      PETRUCHIO
      Hazlo otra vez y por quien soy que te ganas un par de bofetadas.

      CATALINA
      Entonces perderías tus escudos. Si le pegas a una mujer, no eres hidalgo; y si no eres hidalgo, ¡adiós blasones!

      PETRUCHIO
      ¡Eh! Te nombro mi reina de armas. Puedes inscribirme en tu registro.

      CATALINA
      ¿Cuál es tu cimera? ¿La cresta de un gallo?

      PETRUCHIO
      Un gallo sin cresta si Una llega a ser mi gallina.

      CATALINA
      No te quiero como gallo; cantas como un capón.

      PETRUCHIO
      Bueno, Una, ¿a qué tanto vinagre?

      CATALINA
      No puedo evitarlo en cuanto me acerco a un pepinillo.

      PETRUCHIO
      No habiendo pepinillo aquí, no hay necesidad de vinagre.

      CATALINA
      ¡Ya lo creo que lo hay! Te aseguro que hay uno.

      PETRUCHIO
      Entonces, enséñamelo.

      CATALINA
      Si tuviera un espejo, lo verías en seguida.

      PETRUCHIO
      ¡Cómo! ¿Te refieres a mi cara?

      CATALINA
      (Luchando por salir de sus brazos). ¡Cómo lo has comprendido a pesar de tus pocos años!

      PETRUCHIO
      ¡Por San Jorge!, bien veo que soy demasiado joven para ti.

      CATALINA
      Nadie lo diría, viendo tus arrugas.

      PETRUCHIO
      ¡Pesan sobre mí tantos cuidados!

      CATALINA
      (Debatiéndose sie

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