15th Aug 2011

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    1. Capítulo uno:

      Te levantaste a las ocho de la mañana y te dirigiste al baño. Abriste la ducha y te sumergiste en ella.
      Hacía una semana que vivías en ese departamento en Belgrano pero extrañabas mucho tu pueblo.
      Saliste del baño con una toalla que envolvía tu cuerpo y otra tu cabeza. Llovía y murmuraste algunos insultos para vos misma. Odiabas la lluvia y más en verano. El día se volvía pesado y la humedad era tu enemiga.
      Jean, zapatillas y cazaste una remera básica negra junto a un saquito de igual color. Te desenredaste el pelo, te hiciste una colita alta y el flequillo para atrás, no tenías ganas de terminar hecha cualquier cosa gracias a la humedad.
      Desayunaste, agarraste tu cartera, el paraguas verde que te había regalado tu mamá y saliste hacia la parada del colectivo que te dejaba a cinco cuadras de la facultad.
      -
      La alarma los despertó a los dos y después de jugar guerra de almohadonazos cada uno desde su cama, entraste a la ducha. Luego entró Agustín y vos, después de cambiarte, preparaste la leche con chocolate y galletitas para ambos. Desayunaron y salieron a la puerta del edificio donde se encontraba la parada del colectivo que los dejaba, a vos, en la esquina de la facultad y a él, a cinco cuadras de la suya.
      Se subieron y encontraron dos asientos separados. Se sentaron uno en cada uno y ambos sacaron el diario que el tipo del puesto de diarios les vendía cada mañana.
      Apartaste la vista del papel para ver el clima y el colectivo se detuvo en una parada en la que viste un paraguas verde y una morocha que se encargaba de cerrarlo mientras subía al bondi.
      La señora que estaba al lado tuyo se paró para bajarse en la parada próxima y esa morocha te pidió permiso para sentarse del lado de la ventana. Te corriste casi sin prestarle atención y la escuchaste suspirar después de ver como dejaba su paraguas colgado en el asiento de adelante.
      Quince minutos después se paró, pasó por delante tuyo, apretó el timbre y bajó. Acomodaste el diario unos minutos después y encontraste el paraguas colgado en el asiento. Giraste la cabeza mientras el colectivo seguía andando y viste a tu mejor amigo acomodándose la mochila, pero de la morocha, nada. Agarraste el paraguas y decidiste esperar al día siguiente para devolvérselo.
      -
      Bajaste del colectivo concentrada solamente en escuchar a Beyoncé que sonaba en tu mp3. Caminaste cuatro cuadras casi bailando y, cuando empezaste a sentir unas leves gotitas en tu cara, amagaste a agarrar el paraguas que solés guardar en la cartera y no lo encontraste. Hiciste memoria y te insultaste a vos misma por ser tan despelotada y haber dejado el paraguas en el colectivo.
      Caminaste rápidamente hasta adentrarte en la facultad y, una vez bajo techo, suspiraste frustrada. Guardaste el reproductor de música y te dirigiste al aula donde cursabas junto a los demás ingresantes hacía ya una semana.
      Saludaste a Rocío, una rubia con la que habías pegado buena onda el primer día del curso, y te sentaste a su lado.
      Rochi: cómo andas?
      Lali: estoy indignada
      Rochi: -ríe- qué te pasó?
      Lali: perdí el paraguas, me lo olvidé en el bondi, no puedo ser tan tarada
      Rochi: bueno La, no pasa nada, después te acompaño a comprar uno
      Lali: sí, no es ese el problema, lo que me jode es que sea tan despistada
      Rochi: relajate Lali! Me haces poner tensa, es un paraguas, hay cosas peores para preocuparse!
      Rocío era tan relajada que, a veces, la envidiabas. Te contó, en una de sus charlas, que era de Chubut y que estaba viviendo en un departamentito cerca al tuyo. Pasaban juntas todas las mañanas en la facultad, se despedían cuando ella bajaba en su parada y vos seguías tres más.
      Rochi: qué haces hoy a la noche?
      Lali: nada, vos?
      Rochi: nada, por eso te preguntaba, queres venir a comer? Viene una amiga mía que vino conmigo de allá y está en otra comisión, es re macanuda
      Lali: dale, no tengo problema, me copo
      Rochi: y –miró su celular y te miró- viene un chico también, re simpático
      Lali: genial, así conozco más gente –sonreíste-
      A las diez de la mañana salieron de la facultad y acordaron que irías a su departamento a las nueve de la noche. Besaste su mejilla y te fuiste a la parada. Esta vez ella no iba con vos porque iba al shopping a comprarse alguna remerita, según te había comentado.
      Volviste al departamento, te bañaste y te acostaste a dormir la siesta hasta las doce y media cuando te levantaste para almorzar.
      -
      Peter: venis a casa entonces?
      Caminabas junto a Victorio, un amigo del colegio que se había anotado con vos en la carrera.
      Vico: sí, dale, tipo nueve y media estoy ahí, Agus está?
      Peter: ni idea, supongo que sí, decile a los pibes
      Vico: dale, hago cadena
      Peter: joya, nos vemos a la noche –chocaron sus manos y te fuiste a la parada-
      Llegaste al departamento y encontraste a Agustín en la cocina.
      Peter: qué haces?

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