30th Aug 2011

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    1. La despedida de soltera era una ceremonia que mis amigas no querían evitarme y que acepté resignadamente. Eran todas iguales, mucha bebida, mujeres gritando y riendo excitadas y los consabidos regalos: Preservativos, lubricante anal, lencería que ruborizaría a una prostituta y consoladores de diversos tamaños. La reunión se realizó en casa de una amiga con los padres de viaje así que existiría una total y absoluta libertad para los peores excesos.
      Al cabo de dos horas la reunión se transformó en un verdadero aquelarre en el que correctas señora y señoritas, debidamente liberadas por el alcohol, proferían las groserías más subidas de tono exclamando a voz en cuello su deseo de terminar la noche en medio de una orgía desenfrenada. Yo sabía lo que me esperaba, siempre las despedidas terminaban metiendo a la futura consorte en una habitación en la que el más pijudo stripper que hubiesen podido conseguir me iba a despedir de la soltería con una tremenda cogida.
      Era el momento que había esperado toda la noche y el único motivo por el que había soportado tantas groserías de mis queridas amigas, solo esperaba que hubiesen elegido bien. Pero me llevé una gran sorpresa.
      Me llevaron casi en el aire entre risotadas y deseos de goce y me dejaron sola en una habitación completamente a oscuras sólo iluminada por una lámpara de pie que arrojaba su luz en forma cenital sobre un sillón. No podía ver más allá del círculo de luz a pesar de que me esforzase. Entonces comenzó a escucharse una música tremendamente sensual con una base rítmica que se repetía en sonsonete: Tam, tam, tam…
      Me senté en el sillón pensando que era lo que se esperaba de mí y unos segundos después comencé a escuchar unos tenues pasos y me alcanzó el aroma de un perfume embriagador. Fruncí el entrecejo, la situación me comenzaba a sorprender. Pero mucho más me sorprendí cuando ingresando al círculo de luz vi a la mujer más hermosa que había visto en toda mi vida. Era alta y delgada con cabello muy rubio y facciones delicadísimas y un cuerpo que quitaba el aliento. Vestía un vestido rojo escotado con falda muy corta que caía en diagonal y zapatos de taco muy alto.
      Comenzó a menearse ante mí al ritmo de la música y, acercándose, me apoyó las manos en las rodillas separando mis piernas. Comencé a hacerme una rápida idea del plan de mis amigas, pero no lograba descubrir en que terminaría todo ¿Aparecería el pijudo? Me desilusionaría si no llegaba finalmente. En tanto la mujer se movía ante mí sin detenerse y su melena rubia acariciaba sus hombros desnudos mientras no dejaba de mirarme a los ojos en completo silencio.
      Volvió a acercarse y me levantó la pollera hasta mis ingles y luego dio la vuelta por detrás y agachándose me rozó la mejilla con su cabello en tanto acariciaba mis brazos y tomando mis manos las llevaba a mi entrepierna. Su perfume me mareaba y el susurro de su leve aliento tibio comenzó a excitarme, no sé de quién había sido la idea, pero era original y excelente, una mujer en lugar de un hombre era una magnífica ocurrencia, sobre todo para mí que no tenía experiencias similares. En la vida hay que probar de todo siempre fue mi lema.Giró nuevamente y se paró ante el sillón y se bajó el elástico de uno de los hombros y luego el otro, yo subí la pollera con la mano izquierda y la derecha se hundió debajo del elástico de mi bombacha, comencé a tocarme suavemente. Ella desnudó sus tetas y me dejó sin aliento, eran perfectas y con unos pezones rosados notables, noté que la entrepierna se me mojaba irremediablemente. Finalmente el vestido cayó al piso y quedó sólo con una breve tanga del mismo color y montada en sus altos tacos. Ahora me frotaba el clítoris con entusiasmo, esa mujer me excitaba terriblemente.
      De pronto giró y dándome la espalda se bajó la tanga y al agacharse me brindó un completo panorama de su depilada vagina y de sus nalgas maravillosas. Finalmente se liberó de la prenda y comenzó a contonearse frente a mí sensualmente mientras mis dedos no le daban tregua a mi clítoris. Entonces abrió sus piernas como para montarse sobre mi muslo, pero sólo se agachó hasta quedar a milímetros de mi piel y comenzó a moverse como si se frotase contra mi muslo, pero sin tocarme, sólo sus manos me acariciaban, subían y bajaban por mis brazos mientras me miraba a los ojos y su boca se acercaba tanto a la mía que podía oler el perfume de su aliento, pero no me besó. Para ese entonces yo había perdido completamente la cabeza y me masturbaba con entusiasmo.
      Se incorporó y volvió a pararse a mis espaldas, pero esta vez no acarició mi mejilla con su cabello, lo hizo con sus suaves tetas perfumadas. Ahora ya me metía y sacaba los dedos en mi vagina encharcada ruidosamente: ¡Plash! ¡Plash ¡Plash! y mi respiración comenzó a agitarse casi hasta el jadeo, pero aún faltaba lo mejor.

      (Abajo Sigue)

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